Nombres vernáculos de las especies de Opuntia (Cactaceae)en árabe marroquí: Mecanismos de producciónde léxico fitonímico en árabe y en español
Vernacular names of species of Opuntia (Cactaceae) in Moroccan Arabic: Mechanisms of phytonymic lexicon production in Arabic and Spanish

Joaquín BUSTAMANTE COSTA1,*

1Área de Estudios Árabes e Islámicos, Departamento de Filología, Universidad de Cádiz, Avda. Doctor Gómez Ulla 1, 11003 Cádiz, España.

*Enlace: joaquin.bustamante@uca.es, https://orcid.org/0000-0003-1810-4097

 

Resumen

Las lenguas que se extienden fuera de su ámbito florístico original desarrollan, para denominar especies nuevas, unos mecanismos que mantienen su vigencia cuando las lenguas detienen su expansión y quedan estabilizadas: el español y el árabe han sufrido un proceso paralelo para crear fitónimos vernáculos ante una especie exótica: Adquisición de un término también exótico, readaptación de un término patrimonial que adquiere un nuevo significado o creación de un fitónimo enteramente nuevo. En el artículo se analizan estos mecanismos para denominar especies americanas del género Opuntia Mill. en el árabe de Marruecos en paralelo con el español. Se relacionan en torno a dieciséis vernáculos marroquíes y se plantea una hipótesis sobre el español chumbera y su cognado árabe oriental ṣubbāra/ṣubbayra.

Palabras clave. Chumbera, fitonimia vernácula, lengua árabe, Marruecos, Opuntia.

 

Abstract

The languages that extend outside their original floristic sphere develop, to denominate new species, some mechanisms that remain their validity in force when the languages stop their expansion and are stabilized: Spanish and Arabic have gone through a parallel process to create vernacular names of plants before an exotic species: Acquisition of a term also exotic, readaptation of a patrimonial term that acquires a new meaning, or the creation of an entirely new plant name. In the article we analize these mechanisms to denominate American species of the genus Opuntia Mill. in the Moroccan Arabic in parallel with the Spanish. Around sixteen Moroccan vernaculars was mentioned and a hypothesis is raised about the Spanish chumbera (prickly pear cactus) and its cognate oriental Arabic ṣubbāra/ṣubbayra.

Keywords. Arabic language, chumbera, Morocco, Opuntia, vernacular plant names.

 

Recibido: 18‒VII‒2019; aceptado: 10‒X‒2019; publicado en la red: 20‒XI‒2019; editor asociado: A. Quintanar.

Bustamante Costa J. 2019. Nombres vernáculos de las especies de Opuntia (Cactaceae) en árabe marroquí: Mecanismos de producción de léxico fitonímico en árabe y en español. Anales del Jardín Botánico de Madrid 76 (2): e090. https://doi.org/10.3989/ajbm.2535

Título en inglés: Vernacular names of species of Opuntia (Cactaceae) in Moroccan Arabic: Mechanisms of phytonymic lexicon production in Arabic and Spanish.

Copyright: Copyright: © 2019 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (CC BY 4.0).


 

CONTENT

INTRODUCCIÓNTOP

La lengua árabe tenía un léxico adecuado a la flora y la fauna de su espacio original, extendido dentro de las fronteras de la Península Arábiga, entre el arameo en Siria y el sudarábigo en Yemen, hasta el primer cuarto del siglo VII Con la eclosión del islam, al expandirse fuera de su ámbito originario y tomar contacto en el norte de África y al-Ándalus con nuevas especies para las que carecía de término hasta ese momento, se vio precisada a ampliar su léxico zoológico y botánico. Esto se llevó a cabo siguiendo un procedimiento mixto que incluía la incorporación de léxico ajeno, más la readaptación de léxico preexistente y la creación de nuevo léxico (Bustamante Costa 2013: 202–208).

Planteamos aquí el caso de la chumbera, fitónimo vernáculo español que se aplica a varias plantas americanas del género Opuntia Mill. —Cactaceae Juss.— y exponemos sus equivalencias en el árabe marroquí.

Las especies de este género procedentes del Nuevo Mundo que se han aclimatado en el Mediterráneo desde el siglo XVI son O. dillenii (Ker Gawl.) Haw., O. ficus-indica (L.) Mill. y O. maxima Mill. Debido a la facilidad con que arraiga y al uso que se ha hecho de ellas con su cultivo, se han extendido por el ámbito árabe mediterráneo y han llegado al Próximo Oriente y las costas del Mar Rojo y el Índico.

MATERIAL Y MÉTODOSTOP

Con objeto de hacernos una idea cabal del proceso seguido en la lengua árabe para producir léxico fitonímico específico adecuado que pueda aplicarse al género Opuntia, vamos a observar primero qué ha sucedido en el español, cuyo proceso de formación de léxico ha seguido una pauta similar y puede ser de gran ayuda para entender lo sucedido en árabe. En realidad, el paralelo en la formación de fitónimos en una y otra lengua puede contribuir a esclarecer lo sucedido en cualquiera de las dos.

EspañolTOP

1. Incorporación de léxico ajeno. Fitónimos tomados de las lenguas de América:

1.1. nopal es el nombre tomado en México del idioma náhuatl.

1.2. tuna es el nombre tomado en La Española del idioma taíno. Es el fitónimo más usado en América. Benavente (2014): «Este vocablo tunal, y tuna por su fruta, es nombre de las Islas, porque en ellas hay muchos de estos árboles, aunque la fruta no es tanta ni tan buena como la de esta tierra. En esta Nueva España al árbol llaman nopal, y a la fruta nochtli». Redactado entre 1536 y 1541 (CORDE 2018).

Mediante sufijos de formación de nombres de plantas: -era/-ero y -al (RAE-ASALE 2009: 6.12p, 6.12q), se han formado los fitónimos nopalera y tunal o tunera. En español, estos nombres nopal y tuna de origen americano se introducen en la primera mitad del siglo XVI (CORDE 2018).

2. Adaptación de un fitónimo preexistente:

2.1. Higo al fruto e higuera a la planta se les ha llamado desde el principio, desde que, en la primera mitad del s. XVI, Fernández de Oviedo (1526: fº43r), en su Sumario de la natural y general historia de las Indias, describe la primera chumbera y compara sus frutos con higos o brevas:

«(H)ay unas pla(n)tas salvajes q(ue) se naçe(n) por los ca(m)pos y yo no las he visto sino en la ysla Española, aunq(u)e en otras yslas y partes de las I(n)dias las (h)ay. Llama(n)se tunas y nasce(n) de unos cardos muy espinosos y echan esta fruta q(ue) llaman tunas que parescen bebras o higos de los largos, y tienen unas coronillas como las nispolas y de de(n)tro son muy coloradas y tienen granillos de la manera q(ue) los higos, y assi es la corteza dellos como la del higo y son de buen gusto.»

Al término higo se ha añadido después un adjetivo u otra precisión para distinguirlo del fruto de Ficus carica L., el higo primigenio o verdadero, y así se dice higo chumbo, higo de pala, higo de tuna, y a la planta que lo produce higuera chumba, higuera de Indias, higuera de moro, higuera de pala, higuera de tuna (Anthos 2018). En los primeros tiempos de su introducción, se produjo un conflicto de denominación pues otros higos de otras Indias coincidieron en la homonimia. Algunos tratadistas de la botánica de la Indias Orientales, como el portugués García de Orta y el castellano Christóval de Acosta, habían llamado al plátano, Musa sp., también higuera de Indias (De Orta 1563; De Acosta 1578). Al final se resolvió porque el nicho lingüístico del plátano lo ocupó el término banana, que ambos, De Orta y De Acosta, habían registrado en Guinea —Mauritania, Senegambia y Guinea Bissau— donde, procedente del árabe ḥassāniyya, sería arabismo en las lenguas del sur del río Senegal (Bustamante Costa 2020), dejando libre el término de higuera de India(s) para la chumbera, cuya traducción al latín de la nomenclatura binomial se acuñó como epíteto específico, Opuntia ficus-indica y de ahí se distribuyó al resto de las lenguas, entre ellas el árabe.

3. Creación de un fitónimo nuevo, generalmente por comparación con un objeto de aspecto similar:

3.1. pala es el nombre que se le ha dado desde el principio a los llamados en botánica filocladios o cladodios, artejos del tallo con aspecto y funciones de hojas. Ya Laguna (1555: 120–121) en su traducción de Dioscórides, 1.145 —«De los higos y de la leche de las higueras y de la lexía de sus cenizas»—, los describía comparándolos con ella:

«De pocos años acá se halla en Italia una planta llamada higuera de la India, la qual en lugar de ramos produze, à manera de palas, unas hojas muy anchas y gruessas, encaramadas y enxeridas unas sobre otras […]. Quieren algunos decir que aquesta suerte de árbol es la Pala de Plinio, lo qual yo no oso afirmar».

3.2. penca es el peciolo carnoso de muchas hojas. En América se comenzó a llamar así a las hojas de las pitas y los filocladios de las tunas y la Real Academia de la Lengua Española lo incorporó con esta acepción en 1884 —DLE (2018): «Penca 1.f. Hoja, o tallo en forma de hoja, craso o carnoso, de algunas plantas, como el nopal y la pita.».

3.3. raqueta, por la forma de la pala. No figura en el DLE (2018) pero lo recoge Anthos (2018). Se trata probablemente de un galicismo, pues en francés es más frecuente que en español llamar a las palas raquette y a las chumberas cactus à raquettes (CNRTL 2018).

3.4. chumbo es el nombre más conocido y general en España. No está clara su etimología, el DLE (2018) lo considera de origen incierto y Corominas & Pascual (1984: 407–408) examinan varias propuestas sin decidirse por ninguna. Aquí, a la vista de los nombres marroquíes y los otros españoles derivados de objetos similares en la forma, proponemos que esté tomado del portugués chumbo, con el significado de ‘plomo’. Pero no por el color glauco plomizo de alguna especie de chumbera, como sugería una fuente citada por Corominas, sino porque chumbo es como se llaman las plomadas de pesca que suelen tener una forma redondeada en un extremo y alargada en el otro, y esa forma es la que habría servido de base de comparación para llamar chumbos a los higos o las palas de Opuntia. En portugués —y en gallego— chumbeira es la red fileteada de chumbos para que se hunda, que se aplica a una atarraya o esparavel —en árabe marroquí ṭəṛṛāḥa, Ferré (1952: 277)—, la red redonda para arrojar a mano en la orilla, pero también es chumbo la plomada que mantiene verticales las redes ancladas al fondo marino con las que se cierra el paso a los atunes en una almadraba. Cualquier plomada es chumbo. La palabra gallego-portuguesa se ha usado en el léxico pesquero del español, como atestiguaba Antonio Sañez Reguart n el s. XVIII:

«Chombito: Pequeño plomo, al qual el pescador da la figura y peso que mas acomoda para poner en el Bolantín y en la Ballestilla, á efecto de que el cordel y los anzuelos, que se hallan en su extremo, baxen al fondo adonde están los peces. Chumbao: Lo mismo que Chombito ó Plomada, cuyo volumen y gravedad es con respecto á los fondos ó numero de brazas en que se pesca, y á la naturaleza de los artes de pescar» (Sañez Reguart 1791: 291).

Y también:

«Plomada: […] Quando es puramente de plomo, y de hechura de una pera […] se nombra chumbao, chombito, etc.» (Sañez Reguart 1793: 341).

De este chumbo portugués vendrían los fitónimos vernáculos que registra Anthos (2018): para el fruto chombo, chumba, chumbo, chumbo indiano, y para la mata chumbeira, chumbera, chumbera indiana, chumbera morisca, que se habrían originado en una zona muy influida por el vocabulario náutico pesquero gallego-portugués como es el Golfo de Cádiz, de donde se habría transmitido a las otras zonas de España donde se usa, y también a las Antillas y Golfo de México, que son, según Corominas & Pascual (1984: 407), los únicos sitios de América donde se puede oír chumbo o chumbera.

Recapitulando, el español para nombrar esta planta nueva utilizó unos mecanismos para generar léxico consistentes en: (1) incorporar léxico de otras lenguas, caso de nopal y tuna; (2) reutilizar fitónimos de otras plantas, añadiendo algún marcador para diferenciarlos, caso de higo de Indias; (3) crear nuevo léxico, caso de chumbo, pala, penca y raqueta.

Veamos a continuación cómo se ha solucionado la fitonimia de estas especies en el árabe de Marruecos al que nos vamos a referir principalmente y en primer lugar, para, posteriormente, ampliando el enfoque, hacer alguna referencia al resto del árabe norteafricano y al oriental. Comenzar por el árabe de Marruecos tiene sentido por ser la zona arabófona más próxima, por Canarias y la Península Ibérica, al ámbito español difusor de la especie americana, independientemente de cómo y por dónde le haya llegado al árabe de Oriente. Para las transcripciones del árabe marroquí hemos seguido el sistema descrito en Aguadé (2008: 290–291).

Árabe marroquíTOP

4. Fitónimo extranjero: Nombres tomados del español. Al no estar el árabe en contacto directo con las lenguas de América, es el español la lengua extranjera desde la que se produce la interferencia del fitónimo.

4.1. həndi singulativo həndiyya, porque procede de las Indias Occidentales, como en el epíteto específico ‘ficus-indica’, ‘higo de las Indias’; pero en las demás lenguas no se ha entendido que las Indias fuese América y el adjetivo o el referente se ha hecho con la India o el Indostán. Es el fitónimo de referencia en Marruecos, Norte de África y Próximo Oriente.

4.2. pāla pl. pālāt, que se refiere a las pencas o artejos llamados en español palas por su forma, hasta el punto de que una de sus denominaciones es higuera de pala. Este fitónimo solo lo recoge Lerchundi (1932), por lo que su ámbito está limitado en el espacio al entorno tangerino y en el tiempo a finales de s. XIX y comienzos de XX.

4.3. palīṭa pl. pwāləṭ, variante de pāla pl. pālāt, que reproduce el español paleta. Aunque en Anthos (2018) no está registrado exactamente paleta como fitónimo vernáculo de especie alguna del género Opuntia, sí lo están variantes próximas derivadas de pala, como palera y paleca. No obstante, dado que el fitónimo está recogido también por Lerchundi (1932) en el s. XIX en la zona de Tánger, no sería de extrañar una creación propia tangerina sobre una base española (Lerchundi 1932: 590; Bustamante Costa 2013: 206, 244).

4.4. šmōrrā, probablemente relacionado con el español chamorra, ‘cabeza esquilada’, por el aspecto de las pencas de la chumbera. Lo registra Ruiz de la Torre (1956: 73) y lo adscribe a las cabilas de la costa de Gomara, Beni Ziyāt de habla árabe y Beni BŪzra de habla amazige bŪzratiyya (Benéitez 1952: 141; Bustamante Costa 2013: 206, 244).

4.5. šumbo está tomado del español chumbo y se emplea en las zonas de colonización española del norte —Yebala y Tánger— y del sur —Ifni, Cabo Jubi, Sahara—, según Bellakhdar (1978: 208, 1997: 229) y Hmamouchi (2001: 322, 343).

5. Adaptación de un fitónimo preexistente

5.1. kərm, kərma, kṛəm. Este fitónimo con la connotación de ‘largueza’ o ‘generosidad’ y, de ahí, ‘fertilidad’ y ‘feracidad’, se ha aplicado en árabe a los cultivos más característicos, la vid —Vitis vinifera L.— en general, especialmente en Oriente, pero también la higuera —Ficus carica— en otros lugares (Ferré 1952: 100; Beaussier 1958: 861; Harrell 1966: 65; Bellakhdar 1997: 229; Prémare 1998: 566; Moscoso 2015: 185, 549) y en Marruecos, incluso, la chumbera (Monteil 1953: 109; Bellakhdar 1997: 229).

5.2. karmŪs, ‘higo’ es un nombre derivado de kərm con el sufijo -Ūs/-Ūṣ que se considera adstrático, bien procedente del bereber (Laoust 1920: 495; Trabut 1935: 178; Meghzifene 1990: 5; Aït Youssef 2006: 242) o bien del romance andalusí, ya que Corriente (1992: 128) piensa en unos sufijos romances introducidos en el árabe andalusí, como -úš con variantes -úč y -ós. Los valores de estos sufijos no necesariamente habían de ser despectivos, pueden tener carácter afectivo o diminutivo, o simplemente adjetival. La interdicción por tabú del término árabe original para el fruto de la higuera —Ficus carica— تين tīn, ‘higo’, que en Marruecos se emplea casi exclusivamente para los genitales femeninos, concretamente la vulva (Prémare 1993: 129), ha provocado su sustitución en todos los órdenes por karmŪs/ṣ. Se encuentra también usado para el fruto de la chumbera, y en algunos lugares, como, por ejemplo, Essaouira, además, sin adjetivo ni especificación alguna, pronunciado kǝṛmŪṣ (Francisco 2019a, 2019b).

5.2.1. karmŪs en-naṣāra (Trabut 1935: 178; Bellakhdar 2006: 250; Torre 2018: 354) singulativo karmŪsa en-naṣāra, ‘higo de los cristianos’, otras transcripciones kermōs en-nṣāra (Ferré 1952: 100; Bellakhdar 1978: 208; Prémare 1998: 567), kermās en-nṣārā (Bellakhdar 1997: 229) —probable errata—, kəṛmuṣ ən-nṣaṛa (Harrell 1966: 65; Aguadé & Benyahia 2005: 83, 247; Sánchez 2014: 418) —esta es la trasliteración más correcta—, karmŪs d-en-neṣāra (Benéitez 1952: 225), hace referencia al origen hispano —‘los cristianos’.

5.2.2. kǝṛmŪṣ bǝldi, ‘higo del país’. Tanto esta como la siguiente —5.2.3—, las ha registrado Francisco (2019b) en Aquermoud, zona rural de Essaouira en territorio Chiadma, de habla árabe.

5.2.3. kǝṛmŪṣ dyāl š-šŪk, ‘higo de espinas’.

5.3. tmaṛ, ‘dátil’.

5.3.1. tmaṛ aknāri, ‘dátil canario’ (Taine-Cheikh 1989: 235). Pero en otros sitios de Marruecos puede interpretarse como ‘frutos canarios’ (Ferré 1952: 245).

6. Creación de un fitónimo nuevo

6.1. Referencia geográfica

6.1.1. aknārī, ‘canario’, sobreentendido ‘higo’ (Bellakhdar 1978: 208; Bellakhdar 2006: 250; Monteil 1953: 109).

6.1.1.1. aknārī le-mselmīn, ‘canarios de musulmanes’ —variedad inerme— (Bellakhdar 1997: 229).

6.1.1.2. aknārī MŪsa, ‘canarios de Moisés’ —variedad de higos tardíos— (Bellakhdar 1997: 229).

6.1.1.3. aknārī n-nṣāra, ‘canarios de cristianos’ —variedad muy espinosa— (Bellakhdar 1997: 229).

6.1.1.4. taknārīt, ‘[higo] canario’, berberización en femenino para el singulativo (Bellakhdar 1978: 208; Bellakhdar 2006: 250).

6.1.1.5. tmaṛ aknārī, ‘dátil canario’ o bien ‘fruto canario’.

6.1.1.6. tamuslemt, ‘musulmana’ —variedad inerme— sobreentendido [taknārit] tamuslemt, ‘[higo canario] musulmán’, berberización en femenino para el singulativo.

6.1.2. həndi, ‘indio’, identificación del español Indias —América— con el árabe Hind —India—, ya mencionado arriba —4.1.

6.1.2.1. həndi, singulativo həndiyya, ‘indio’, sobreentendido ‘higo’, es la denominación más habitual (Trabut 1935: 178; Benéitez 1952: 141, 225; Ferré 1952: 57; Harrell 1966: 55; Bellakhdar 1978: 208, 1997: 229, 2006: 250; Prémare 1999: 93; Aguadé & Benyahia 2005: 67, 247; Moscoso 2015: 185, 622).

6.1.2.2. tahəndīt, ‘(higos) indios’, berberización en femenino para el plural (Bellakhdar 1978: 208; Laoust 1920: 499).

6.1.3. tarōmit, ‘rumí, europea’, sobreentendido [taknārit] tarōmit, ‘[higo canario] europeo’ (Laoust 1920: 422, 499; Benéitez 1952: 225; Bellakhdar 1997: 229; Aït Youssef 2006: 242).

6.2. Comparación con un objeto de aspecto similar

6.2.1. ḍ-ḍḷəf, con variantes ḍǝḷf, ḍḷǝf, ḍǝḷfa, ‘bolsa’ —la pala—. La forma del cladodio se ha comparado con cierto tipo de odre para guardar mantequilla o aceite. El árabe original, ظرف ḏarf, tiene un sentido lato de ‘recipiente’, ‘envoltorio’, ‘funda’ —Ferré (1952: 28): «ḍəḷfa pl. t, ḍḷəf: raquette de cactus, feuille d’aloès»; Monteil (1953: 110): «Les raquettes s’appellent ḏḏ̣ḷ̣əf»; Beaussier (1958: 625): «ظلفة pl. ات s.f., Feuille, raquette de cactus. || Feuille de palmier nain, d’agave. || Sac en peau pour mettre le beurre, l’huile, pour ظرف»; Harrell (1966: 29): ḍeḷfa pl. -t, ḍḷef cactus leaf; Bellakhdar (1978: 208); Prémare (1996: 199, 200): ḍḷəf n.u. ḍəḷfa pl. ḍḷọ̄f/ḍḷāf, «raquette de figuier de Barbarie» […] «palme épanouie du figuier de Barbarie»; Francisco (2019a, 2019b).

6.2.2. daṛg (la pala). Se trata del escudo llamado درقة darqa, ‘adarga, escudo de cuero’, con el que se ha hecho el parangón de las palas de la tuna —Ferré (1952: 24): «drəg n.u. dərga: cactus»; Beaussier (1958: 331): «درق s.m., coll. Cactus, figues de Barbarie (Maroc). درقة pl. درڨ s.f., Bouclier. […] Feuille ou raquette de figuier de Barbarie»; Harrell (1966: 23): dreg n.u. derga cactus; Prémare (1994: 4:263): dərg n.u. dərga; Hmamouchi (2001: 322, 343): edrag, الدرڭ; Moscoso (2015: 185, 426).

6.2.3. zaʕbŪl, con el significado de ‘bolsillo, burjaca, bolsa del dinero que se lleva atada al cinto, zurrón de cuero’, denomina primero a las pencas, por la forma de bolsillo, pero pronto se extiende a la propia chumbera y su fruto (Laoust 1920: 418; Benéitez 1952: 141, 225; Ferré 1952: 295; Harrell 1966: 230; Prémare 1995: 324; Bellakhdar 1997: 229; Moscoso 2015: 185, 445), con variante zaʕbīl en Tafilalt (Monteil 1953: 110), por el parecido del higo con uno de estos bolsillos repleto y rechoncho.

6.2.4. š-šefra, ‘puñal’, por las púas. En este caso la forma ha cedido ante la idea, se ha llamado ‘cuchillo’ no por la forma de la pala ni por lo cortante, sino por lo punzante, lo penetrante (Bellakhdar 1978: 208; Aït Youssef 2006: 242).

6.2.5. l-qernīf, la pala —Laoust (1920: 477): «Raquette de cactus: […] aqårnif»; Trabut (1935: 178): taqenift; Monteil (1953: 110): lqeṛnīf; Bellakhdar (1978: 208): l-qernīf—. Es un término que se refería a las pencas de las palmas y a las culatas de las espingardas —Traini (1973: 1163): «(= كُرْنَافَة) قُرْنَافَة ج ات calcio del fucile)»—. Tiene relación con el egipcio qurnāfa, con esa acepción, que en el árabe estándar suele pronunciarse con k, كرنافة kurnāfa, que también trae —Prémare (1998: 568): kərnāf/kərnīf— para el tocón de la palma cortada que queda adherido al estípite de la palmera y por el que se puede trepar. Pero la reutilización del término para denominar las pencas de la chumbera viene probablemente del uso en el marroquí meridional para el flotador de las redes que detecta Laoust (1923): «*aqårnif, flotteur du filet de pêche taillé dans le morceau d’écorce de palmier formé par la naissance d’une palme. Employé dans le langage terrien, dans ce sens, chez les Ida ou Tanan, les Ihahan, etc. cf. M. et Ch., p. 447». Colin (1924: 176) lo identifica: «aqåṛnīf vient du marocain méridional qåṛnīf (égyptien qurnāfa) ‘extrémité renflée du pétiole d’une feuille de palmier’».

En el árabe del resto del Norte de África los fitónimos son similares, en Argelia karmŪs en-naṣāra se llega a convertir en karmuṣṣāra (Beaussier 1958: 862), en Túnez hindī (Bercher 1944: 1650), en Libia se usa también hindi y se combina como karmŪs hindi (Hammer & al. 1988: 505, 506). En Egipto y Próximo Oriente el nombre karmŪs se restituye por el equivalente en árabe estándar tīn, ‘higo’, con la precisión del nombre específico latino ficus-indica que se convierte en tīn al-hind ‘higo de la India’ (Issa 1930: 129.4, 129.6; Chéhabi 1957: 466); otras precisiones orientales son tīn šawkī, ‘higo espinoso’ —Issa (1930: 129.4, 129.5, 129.6); Chéhabi (1957: 466): في مصر; Badawi & Hinds (1986: 143, 487): tīn šŪkī; Wood (1997: 81)—, tīn ifranǧī ‘higo europeo’ (Issa 1930: 129.5), incluso en Yemen, adonde lo llevaron en tiempos desde otros lugares del imperio otomano, tīn turkī (Wood 1997: 81) ‘higo turco’. En cuanto a la denominación tīn al-barbar (Chéhabi 1957: 466), ‘higo de los bereberes’, es una traducción servil libanesa del fitónimo francés figue de Barbarie, aparecido cuando los colonos franceses al ocupar Argelia en 1830 descubrieron que allí había higos chumbos.

RESULTADOS Y DISCUSIÓNTOP

Alguno de los nombres dados como árabes de Oriente ha resultado erróneo, como el que recoge Issa (1930: 129.4) para O. ficus-indica con la forma ثعب ṯaʕab que sería el vernáculo del Yemen. En realidad, nunca se ha llamado así en árabe a la chumbera, ni en el Yemen ni en ningún otro sitio. El error parte de que Forskål (1775: CXXIV, 625) llamó «Ficus indica» a una especie del género Ficus L., llamada ahora Ficus cordata subsp. salicifolia (Vahl) C.C.Berg, y que tiene como sinónimos Ficus taab Forssk. y Ficus indica Forssk., nada que ver con chumbos ni chumberas, es una morácea, un árbol de los llamados en español ficus (DLE 2018).

Entre los nombres orientales de la chumbera, el más difundido por el valle del Nilo y el Levante del Mediterráneo, desde donde penetra hasta el Iraq, está derivado de la raíz صبر [ṣbr] que da idea del aguante y la paciencia de las plantas crasas que acumulan líquido para sobrevivir en zonas desérticas. Las formas más usuales de este fitónimo derivado de صبر [ṣbr] son صبّار ṣabbārLöw (1924: 320, 321); Issa (1930: 129.4, 129.6); Badawi & Hinds (1986: 494): cactus sensu lato; HCDA (2014: 217); Berlinches (2016: 463)—, صُبَّيْر ṣubbayrLöw (1924: 320, 321); Issa (1930: 129.4, 129.6); Post (1932: 1,485); Barthélemy (1935: 425): ṣəbbér; Badawi & Hinds (1986: 494); Nehmé (2000: 189, 2008: 222)—, صُبَارى ṣubārà (Issa 1930: 129.4, 129.6). El hecho de que en Oriente se denomine así es conocido en Marruecos, y, con el acaso infundado complejo de inferioridad que algunos hablantes a veces sienten ante el árabe de Oriente, que se creen que cualquier término de las hablas coloquiales orientales es poco menos que árabe clásico —ˁarabiyya fuṣḥà—, le dan a estas formas preeminencia por el aura de prestigio lingüístico de todo lo árabe oriental. Así es como Francisco (2019a) ha detectado en Aquermoud, zona rural de Esauira, en territorio Chiadma, a quienes venían a decir más o menos que «aquí la gente lo llama ḍḷǝf, pero yo sé que su nombre en verdad es ṣǝbbāṛ».

Tradicionalmente de esta raíz se había formado el fitónimo árabe para el acíbar, el Aloe vera (L.) Burm. f. y otras especies del mismo género de Xanthorrhoeaceae Dumort., que se llaman صبر ṣabir y a veces reciben el esquema nominal intensivo صبّار ṣabbār o صبّا ṣabbāra y en dialectos orientales, صبرة ṣabra (Barthélemy 1935: 425). Tan característico era este nombre que en Palestina, cuando se formó el estado de Israel, a los judíos nativos palestinos, para distinguirlos de los judíos europeos —sefardíes, eslavos, ashkenazíes—, se les denominaba ṣabra, en hebreo moderno צבר /ṣabar/ ‘chumbos, chumberas’ (Curwin 2018). También se ha denominado con fitónimos de esta raíz a otras especies con aspecto similar a los áloes, con rosetas de hojas carnosas, como las Asparagaceae Juss. del género Agave L. ‘pitas’ (Prémare 1996: 15) o Sansevieria Thunb. (Francisco, conv. priv.). En español esta raíz ha producido los fitónimos vernáculos propios del Aloe vera y otros áloes, que, además de acíbar, son los también arabismos azabara, zabida, zabila y, con cambio de acento, zábila (Corriente 2008: 21–22; Corriente & al. 2019: 20).

Pero los nombres árabes de la chumbera derivados de la misma raíz tienen una diferencia muy significativa: Suelen tener vocalizada con ḍamma —timbre /u/— la primera consonante, ṣubbayr y ṣubbārà y muy a menudo presentan el fonema /b/ reduplicado —/bb/—. Esto hizo que el arabista Vázquez Ruiz se fijara en el gran parecido que había entre las voces chumbera y ṣubbāra e imaginase que la etimología de chumbera no era otra que el árabe ṣubbāra. Así lo expuso en un artículo que publicó en 1957 en la prestigiosa Revista de Filología Española, lo que le valió un severo rapapolvo en el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, y al que respondió en la misma revista en 1981 reafirmándose en todo lo que había dicho, sosteniendo y no enmendando, y propugnando con empecinamiento el anacronismo de suponer la existencia de este género americano nada menos que en la Granada nazarí, anterior a la llegada de Colón a América (Vázquez Ruiz 1957, 1981; Corominas & Pascual 1984).

Podríamos aquí intentar zanjar definitivamente aquel rifirrafe —casi cuarenta años después— dándole la vuelta al argumento: No es el español chumbera el que viene del árabe ṣubbāra, sino al revés, son el árabe ṣubbāra y sus variantes los que vienen del español chumbera.

Si aceptamos que el étimo del español chumbera y chumbo está en el portugués chumbo y chumbeira usados en el ámbito de las pesquerías y almadrabas del Estrecho, en las costas de Cádiz, podríamos suponer, con un criterio geográfico, que la difusión de la planta hacia Oriente se realizara hace dos o tres siglos por vía marítima desde el nudo gaditano del comercio entre América y el Levante del Mediterráneo, sin necesidad alguna de vínculo terrestre marroquí o norteafricano. Así, el español chumbera se habría adaptado al árabe en las costas levantinas dentro de la raíz de صبر [ṣbr], hasta entonces usada solo para especies de Aloe L., de tal modo que se habría replicado chumbera en el hispanismo camuflado ṣubbāra en aquellas zonas donde no se velariza la rāˀ y puede pronunciarse con imela ṣubbĒra, y que, en aquellas otras en las que se velariza, se habría replicado en ṣubbayṛa para que el diptongo se velarizase también y se redujera a ṣubbĒṛa. Porque pensar en atribuir ṣubbayṛa a un esquema de diminutivo árabe de vocalización -u-ay- no tiene sentido para una chumbera, planta al cabo de apariencia bien disímil a la de la Aloe vera y que, además, alcanza casi siempre dimensiones mucho mayores.

Si esto fuera así, que el árabe ṣubbāra/ṣubbayṛa procediese del español chumbera y no al revés, cabría, volviendo a Marruecos, preguntarle al informante de Esauira acomplejado ante el árabe oriental que recogía Francisco: «Dígame, entonces, entre ḍḷǝf y ṣǝbbāṛ ¿cuál le parece a usted que será la palabra más originalmente árabe?».

 

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